Mario, un paciente del Centro Médico Integral Fitz Roy, nos cuenta su largo proceso de rehabilitación que lo llevó de perder una pierna, a volver a bailar murga.

 

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Mario nos atiende por teléfono. Está ansioso por contar su historia. “Cuéntenla porque puede haber alguien por ahí que esté atravesando una situación similar, y esté a punto de darse por vencido…yo casi me rindo”, nos dice. Conocer de su boca qué fue lo que le pasó, nos ayuda a entender un poco mejor.

En febrero de 2005, como todos los días, Mario concurrió a su trabajo. A diario, se colgaba de un camión de basura para recolectar los residuos de la ciudad. La mala suerte, a veces caprichosa, quiso que ese día su vida cambiara para siempre. La pala que empuja la basura recolectada hacia el interior del camión para ser compactada, cayó sobre su pierna, empujando su pié hacia adentro de la compactadora, junto con las bolsas que acababa de recoger de la vereda. Desde ese momento, el infierno.

De un hospital al otro, de trámites de ART, a traslados, de papeles y prótesis, pasando por infecciones y la angustia de saber que, desde ese momento, dos de sus mayores pasiones en la vida, serían para siempre un recuerdo: el fútbol y la murga. Luego de trece operaciones, lo más temido era ya una realidad, porque a Mario debieron amputarle su pierna casi 30 centímetros por debajo de su rodilla.

Luego de meses, el riesgo inminente que había corrido su vida ya no existía y el peligro de infecciones había desaparecido, pero empezaba ahora la ardua tarea de amigarse con el propio cuerpo.

Cuando Mario fue asignado al Centro Fitz Roy para realizar sus ejercicios de rehabilitación, conoció a un equipo de médicos de altísimo nivel profesional, dedicados no sólo a recomponer la salud física de los pacientes que allí acuden, sino también, dedicados a brindarles todo el apoyo y la contención necesarias que un proceso de rehabilitación requiere. Los doctores le prometieron “vamos a ayudarte en todo lo que podamos, pero esto depende de vos y de tu voluntad, porque si nos lo proponemos juntos, vos vas a poder volver a bailar murga”, recuerda Mario.

“El apoyo que me brindaron los profesionales del Centro Médico Integral Fitz Roy, me devolvió las ganas de vivir, porque había entrado casi rendido, a punto de darme por vencido….casi peleado con la vida. Y casi de golpe, un día, sentí que si me ponía las pilas, lo podía lograr”, nos cuenta.

Hoy, ya  hace tres años que Mario concurre todos los días, cada semana, al centro médico para realizar sus ejercicios y aprender a desarrollar sus actividades diarias con una prótesis. El objetivo fue desde el inicio trabajar en etapas: en un principio salvar la vida y la salud orgánica del paciente; posteriormente conseguir la prótesis que mejor se adaptara a su situación e incorporarla del modo más natural a su cuerpo; y por último, ayudarlo a recuperar una vida lo más parecida posible a la que Mario tenía antes de este accidente. Durante todo el proceso, el complemento esencial del tratamiento, fue brindarle una contención emocional que le permitiera creer que había luz al final del túnel, aún cuando él mismo lo creía imposible. Y, a tal punto esa contención fue importante, que el vínculo que se gestó en horas trágicas, persiste aún hoy. “Yo los considero amigos a los médicos del centro… ¿cómo no voy a querer a alguien que me convenció de seguir viviendo con ganas?”, insiste Mario y agrega: “Muchas gracias por dejarme contarles mi historia…ahora tengo que irme, porque tengo ensayo con los chicos de la murga”. En efecto, Mario no sólo ha logrado recuperar su salud y aprender a vivir con una prótesis luego de un arduo proceso de adaptación y ejercicios diseñados por los profesionales del Centro Médico Fitz Roy, sino que ha vuelto a disfrutar de las cosas que pensó que jamás podría volver a hacer. Semanalmente concurre a los ensayos de su grupo de murga, y muestra sus habilidades en la disciplina y el amor por el baile y la música.  Y no sólo eso: su recuperación ha alcanzado un nivel tal, que le permite vivir como cualquier persona a quien no le haya tocado atravesar una situación tan traumática, ya que su grado de dependencia para la vida cotidiana, es nulo.

En el éxito para la rehabilitación de Mario, confluyeron distintos factores que son esenciales para quien debe enfrentar un proceso tan doloroso, desde lo físico y desde lo anímico. Por un lado, un cuerpo médico altamente capacitado, por el otro, un soporte técnico en aparatología e instrumental que asegure la eficacia del tratamiento; pero sobre todo, el compromiso de quien cura apelando a sus recursos intelectuales y a su sentido de humanidad, para convencer al paciente de que, no importa cuán duro sea lo que se viene, la única opción posible, es siempre seguir de pie. Como sea.